
Recibir a las vacas
Empecé a leer la antología "Baby-onuchky" ("Abuelas y nietas") de Creative Women Publishing — recuerdos de mujeres de toda Ucrania, en distintas hablas, sobre sus abuelas. No la terminé: me entraron ganas de pintar. Porque me acordé de lo mío. El pueblo, el atardecer, y cómo esperaba la hora en que traían las vacas del pasto. Salíamos al banco con tiempo — para poder sentarnos un rato. A veces las dos con mi abuela, a veces se acercaba una vecina. Mi abuela me enseñaba a trenzar anillos de hierba para los dedos. Y cuando pasaban las vacas — me contaba de quién era cada una, qué genio tenía, cómo eran sus dueños, qué historias había habido con las más tercas. En el pueblo no había muchas diversiones. Pero a mí me bastaba. También me gustaba cazar saltamontes. Atrapé uno y se lo llevé a mi abuela — que me lo guardara en el delantal para que no se escapara. Volví a buscarlo y mi abuela me dijo: royó un agujero y se escapó. Y me enseñó el agujero. Ya de adulta comprendí que simplemente lo había soltado. Pero entonces tuve miedo de los saltamontes durante mucho tiempo — pensaba que tenían unos dientes capaces de roer un delantal.
- Técnica
- Lienzo, acrílico, rotulador de punta fina
- Dimensiones
- 30x40
- Año
- 2025



